Más atrás podrían rastrearse sus orígenes, si tomamos la domesticación del maíz como referencia (esto explicaría la relación que existe entre las diosas terrestres y maíces como el chapalote o el prechapalote, cuyos vestigios se encontraron en algunas cuevas de Aridamérica). Así, en la etapa de sociedades agrícolas igualitarias, nos dice Matos Moctezuma "el agua y la tierra se deifican cobrando una importancia esencial dentro de la sociedad". Es probable, además, que la sociedad teocrática tolteca en Teotihuacan haya sobrevivido con una diosa que acabó siendo emblema de un guerrero extraordinario, como Ahuitzotl, en cuya tumba fue colocado el monolito de Tlaltecuhtli y debajo de ella los perros colimites o tlalchichis, que podrían ser, también, ‘perros de tierra o de la diosa de la Tierra’.
Una diosa emblemáica de la teocracia teotihuacana, como Iztapapálotl pasa a convertirse en una sangrienta como Tlaltecuhtli. Las piernas abiertas de esta última, que algunos han querido identificar con el batracio y su cercanía terrestre, podría ser una modificación de las alas de la mariposa en el caso de Iztalpapálotl, lo cual no la libera de su componente bélico, pues los toltecas iban a la guerra con una mariposa grabada en la espalda y otra en los escudos, como consta en la iconografía de Tula. Es posible ubicar con mayor precisión el cambio de sociedad cazadora-recolectora a sociedad agrícola en el caso occidental, donde Jesús Nárez, citando a Beatriz Braniff, admite que la región occidental hasta la cuenca de Mexico fue considerada como Aridamerica.
"Grupos de tradición de cazadores de fauna pleistocénica" se hallan en San Marcos, Jalisco, a pocos kilómetros de los sitios arqueologicos de Capacha, Periquillos y Chanal, en Colima. El rojo lo usaban ya los nómadas del norte: "La mayoría de los grupos de Aridamérica andaban completamente desnudos; acostumbraban pintarse la cara y el cuerpo con rayas de diferentes colores: rojo, naranja, negro y blanco”, dice Nárez. La domesticacion del perro, uno de cuyos esqueletos fue encontrado dentro de la ofrenda bajo el monolito de la Tlaltecuhtli, fue también característica de estas culturas nómadas anteriores al 5000 aC en la región occidental.
El tonalamatl consigna que las diosas terrestres provenían del Oeste, como lo confirma en su lectura iconográfica Eduard Seler. Los anasazi elaboraban en cambio cerámica muy burda pero solo utilizando gris y negro en la fase Basketmaker II (500-700dC) y ya en la fase Pueblo I introducen el diseño geométrico sobre fondo rojo. Algunas piezas cerámicas hohokam muestran ya la posición batracio en que se encuentra la diosa, con grandes ojos redondeados y lineas en rojo ocre, pero también en incisiones sobre conchas y aunque se trata de lagartijas menores no deja de sorprender la resolución del artesano al problema del espacio: piernas abiertas y brazos abiertos. Para Beatriz Braniff "a la caida de Teotihuacan, en los valles centrales de Mexico y especificamente en Tula, Hidalgo, se deja sentir una primera oleada de los norteños con el tipo cerámico Coyotlalteco, que tiene sus orígenes en el Clásico, en la región Guanajuato-Queretaro. Durante el Posclásico temprano, otra oleada introduce a Tula muchos elementos procedentes de la misma región y de Zacatecas: arquitectura, cerámica, el Chac mool, el tzompantli, los tipos cerámicos blanco levantado y cloisonné, representaciones del águila devorando a la serpiente".
Las grecas escalonadas en la ceramica encontrada en la Mesoamérica septentrional -testimonio para muchos del corredor cultural hasta el southwest estadunidense- pueden ser "sistemas de comunicación e integración social", apunta Braniff, quien agrega: "Este sistema mercantil incluye la distribucion de cobre (y de turquesa) y viene acompañdo del concepto ideológico de la xiuhcóatl tal como se presenta en la forma estilizada del Azteca 1".
Las culturas de El Tajín "trajeron consigo el culto a Tláloc, Quetzalcóatl y Xipe Totec; estas últimas al parecer más agresivas", dice Ernesto Vargas Pacheco al referirse al Periodo III (500/600-900/1000 dC), pero Braniff Cornejo sugiere que las grecas escalonadas pudieron ser una forma de comunicación entre los señoríos de la Gran Chichimeca ubicada al norte de Mesoamérica, donde el empleo del color rojo en la ceramica, que más tarde pasaría a la lítica mexica y por consecuencia a los tonos rojizos del monolito de la Tlaltecuhtli, se hizo extensivo en el mismo periodo clasico en que se desarrolla Teotihuacán y, más tarde, Tenochtitlan. Desiré Charnay decía que “estábamos ante una misma civilización, una misma religión y símbolos y dioses similares".
“Desde antes del inicio de la civilizacion prehispanica al perro se le otorgó un papel predominante en la religión, el cual se derivó de cuatro aspectos: ser compañero constante del hombre, su mordida, su uso como fuente de carne y su acto sexual. A partir de esto se creó una amplia gama de vínculos religiosos cuyos extremos fueron su relación con el inframundo, con la fertilidad, con la buena fortuna, con la lluvia y el rayo, y con comidas rituales”, dice Valdez Arrellín. Si los perros enanos llegaron hace 8000 años al continente americano, y desde hace 2000 estaban en el Occidente, sus vínculos con Tlaltecuhtli, como con la Tierra, podrían explicar la presencia de la cultura Capacha en algunos de los principales momentos cinerarios y religiosos de los mexicas.
