lunes, 1 de junio de 2015

Un poema de Erika L. Sánchez en versión de Sergio Briceño



ERIKA L. SÁNCHEZ



Narco



Autopista de la Muerte —la 

   indiferencia 

de las víboras. El cielo ha madurado 

   y en todas partes 

estallan los colores. ¿Quién 

   es el jefe 

más jefe? En la vaporosa quietud, 

   Cara de muerto 

vacía una cubeta de cabezas como si     

    fueran canicas. La yerba, el polvo, 

    las piedras —

Que traguen fierro los cabrones 

¡yo soy el más chingón de 

    Pisaflores! 

Rompe-madres, 

contemplando el color elefante 

    de los cerros, 

saca a una mujer del autobús 

rumbo a las espinas 

    y la mugre: 

blanca bocanada de calor. 

    Colibríes. Flores de algodón. 

Una manada de caballos pintos mira 

    la espumosa 

luna. Que Dios te bendiga 

    y te conduzca 

por el camino correcto. Bajo el 

    último tajo 

de luz, Rompe-madres se enjuga 

    el sudor 

de los ojos y amarra sus 

   pantaletas a un arbusto —

una colonia de buitres espera 

   su tributo.




Versión de Sergio Briceño González. Los versos en cursiva aparecen en castellano en el original. 

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